jueves, 4 de febrero de 2010

Día 5 AC (antes del curso): el comienzo

Bueno sí, digamos que este es el primer día del periplo, de la odisea, de lo que sea que me suceda aquí en Viena.


Me suelo jactar de no hacer la maleta hasta el último momento, sobre todo ante mi madre que siempre se lleva las manos a la cabeza. Un viejo ritual que nos sigue pareciendo divertido. Esta vez la gracia casi me pilla en paños menores: me he pasado la mañana (y con mañana me refiero al período entre que me he levantado y he comido, que son unas cuantas horas) haciendo preparativos con unos restillos de minigripe cuyos síntomas empezaron a asomar la cabeza el sábado después del que, supongo, sería mi último contacto con la salsa hasta mi regreso. Es mala combinación darlo todo bailando, sudar profusamente y pasear, aunque sea brevemente, en el frío de Madrid.

Pues allí estaba yo, intentando condensar mi vida en una maleta de veintiséis kilos y una mochila de siete. Por mucho que diga Clooney en sus conferencias en Up in the air, es tarea vana. Y si tienes un gato, puede ser un suplicio.


Supuestamente, el movimiento de cosas de aquí a allá que genera un viaje, los nuevos objetos que curiosear y donde introducirse (la maleta es una segunda casa) excita la curiosidad del gato más allá de su estado de reposo que ya es de bastante excitación ante la novedad. Supuestamente. Porque lo que yo creo que intentan es importunar todo lo que les es gatunamente posible ante la perspectiva de que coges las de Villadiego y lo que les queda es una casa poco reactiva y menos proactiva y una tasa de rascados detrás de la oreja que tiende a cero, exceptuando onanismos rascatorios.

El viaje en sí fue bastante tranquilo, sin contratiempos mayores aunque de él he sacado tres lecciones importantes y que merece la pena mencionar:


1) El límite de peso impuesto por las compañías aéreas es de veinte kilos por maleta abonando cualquier exceso a razón de 10 euros por kilo de más. El lector atento se habrá dado cuenta de que esto supuso un problema, ya que mi maleta pesaba veintiséis. Pues nada, allí estuve haciendo una transfusión a vida o muerte de ropa, libros y cachivaches de la maleta a la mochila en un intento de rebajar esos sangrantes 60 euros que me tocaría pagar. Lo conseguí. Casi del todo. Snif.


2) Ni te acerques a las ensaimadas del aeropuerto de Palma de Mallorca. Dice la leyenda que la escultura del Discóbolo originalmente tenía una ensaimada del aeropuerto que en consistencia es similar al mármol. Al final se optó por el disco en aras de no ofender sensibilidades.


3) ¡No menosprecies las partículas de los verbos separables! Para el que no sepa de alemán más allá del achtung, el verboten y el aufidersen (que al menos era lo que yo sabía antes de salir con austriacas), los verbos separables son al alemán lo que los phrasal verbs al inglés: una putada para el que los tiene que estudiar, con esa particulita de los huevos que cambia totalmente el significado de un verbito conocido y majo. Pues hete aquí que en esta ocasión resultó útil la partícula. Estaba yo subiendo al autobús que lleva del aeropuerto de Viena a la ciudad cuando la amable autobusera se dirigió a mi diciendo lo siguiente: Guachu guachu guachu hin? Hin fue lo único que entendí, que suele formar parte de un verbo separable y significa “hacia”, con lo que deduje que me preguntaba que a dónde iba. Vale, sí, no había muchas más posibilidades, pero podría haber sido: Perdona tienes un piti o El bus en el que van los turcos como tú sale en media hora. ¡Quién sabe lo que pasa por la cabeza de esta gente!


Total, que llegué a casa sin más contratiempos, me metí entre pecho y espalda un bocadillo de salchichón ibérico que me hice en Madrid (el sandwich de queso con ¡PEPINO! que me dieron en el avión no me satisfizo) y a la camita.


Continuará…

PRÓXIMO EPISODIO: Con la i en la frente

2 comentarios:

  1. Aprende mucho para que la próxima vez la autobusera no te diga cosas raras :P

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  2. Ya hemos empezado mal. Tenías que haberle dicho la frase que llevamos tanto tiempo preparando: "Ich will dir einen Speichelanzug machen"

    Eso habría sido empezar con buen pie.

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